Amigos y amigas,
Esta es una pequeña edición especial de nuestra bitácora, para la cual les presentamos al columnista estrella, Pablo "Profesor" Stipicic, eximio guitarrista y productor nacional, responsable de dar vida digital a "Caída Libre". Pablo les narrará desde un punto de vista externo como fue convivir con Fahrenheit durante la grabación del álbum y los efectos irreparables que trajo a su vida este proceso. Con ustedes, Pablo Stipicic!
Comenzamos grabando baterías en estudios Triana, en Santiago de Chile, en el mes de diciembre del 2008. Ahí pude vislumbrar con claridad qué dinámicas psicopáticas se entrelazaban entre estos energúmenos. Por un lado teníamos al desaparecido Almarza, recibiendo instrucciones de 6 personas (los 4 integrantes restantes, yo, y Claudius, el ingeniero). Felipe Mira, hablaba a una velocidad de 25 palabras por segundo, y se movía mas rápido de lo que yo había a un ser humano moverse jamás. Cotto, estaba maravillado por el estudio y hacía comentarios de amor tales como: “oye pero que estudio más lindo”, “que entretenido dedicarse a esto de las grabaciones” o el clásico “Nacho, eso está LA RAJA, pero haz algo mas pro”. Con Luke, nunca nos pudimos explicar qué significaba que algo fuera “pro”. En fin, el pequeño Luke mostraba su entusiasmo y su exigencia despiadada. Es aperrado el peneca, y por eso llegará lejos. Carlos Cid se mantenía siempre sereno, aunque recuerdo que casi lo único que dijo fue que odiaba el perejil, y que estaba seguro de que en los restoranes le ponían perejil a todo lo que el pedía sólo para hacerle creer que estaba loco.
Pocos días después, partí con mis equipos a lo que sería nuestro estudio: una sala de ensayo sin ventanas, sin luz solar, increíblemente húmeda, y con el piso en notorio declive. Me junté con Cid para comenzar con sus bajos. Ahí me mostró que Cotto mantenía un pequeño taller con herramientas en un compartimento minúsculo del “estudio”. Al parecer Carlos Otto ordenaba de manera alarmantemente meticulosa ese espacio, casi a diario. “Me gusta venir acá cuando no hay nadie, y desordenarle todas las herramientas a Cotto, sólo para jugar con su cabeza, y después hago como si nada”, me cuenta Cid.
Así nos lanzamos con esta experiencia surrealista. Fui conociendo más a fondo a estos seres. Muy pronto, comenzamos por razones del todo incoherentes a tratarnos de “usted”, y de “profesor”. Después de un mes, el nivel de cortesía en esa sala era propio de caballeros del medioevo. “Profesor, póngale disfrute a esa guitarra”, “Profesor, no me corte el disfrute con esos efectos locos que pone usted”, etc.
Continuará...









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